Si hay una costumbre arraigada en la capital es la de comer de tapas
¿Picamos algo?
El centro histórico de Madrid esconde en sus calles comercios que cuentan con más de un siglo de vida. Son pastelerías, farmacias, mercerías y, sobre todo, tabernas y tascas que parecen haberse mimetizado con su entorno.
Estos lugares han conseguido sobrevivir varias generaciones sin modificar su aspecto exterior. Tampoco el interior, que conserva los mismos muebles y la misma forma artesana de hacer las cosas.
Cuentan las viejas crónicas que ya durante la Edad Media las tabernas eran el negocio más próspero de Madrid. También el preferido por las clases más humildes de la sociedad, que acudían a ellas para intercambiar comentarios y beber vino en jarras, que eran “tapadas” con una rebanada de pan para que no se derramara el caldo y para que no entraran moscas. De ahí uno de los posibles orígenes del nombre tapa, referido a ese pequeño (a veces grande) aperitivo que acompaña al vino o a la cerveza. Esta fue introducida en Madrid durante el reinado de Carlos I y solicitada de forma habitual en las barras de la ciudad desde el siglo XIX.
El Centro y la Latina
Comer de raciones (que se pagan), de pie casi siempre, es una de las tradiciones más asentadas en Madrid. Un recorrido con sabor a nostalgia debe pasar por Casa Alberto (Huertas, 18), en pleno barrio de las Letras. Desde 1827 abre sus puertas en el mismo solar donde Miguel de Cervantes escribió la segunda parte de El Quijote.
En su antigua barra de ónix y madera se pueden degustar especilidades castizas: callos, albóndigas, boquerones y rabo de toro, también típico de la cercana taberna de Antonio Sánchez (Mesón de Paredes, 13), vinculada al mundo taurino desde el siglo XIX. Otro ilustre del centro es Casa Ciriaco (Mayor, 84), que recuerda en sus paredes repletas de fotos, cuadros y carteles a clientes de renombre: el filósofo Ortega y Gasset, el pintor Ignacio Zuloaga o el rey Alfonso XIII, que tomaba aquí el famoso vino de pellejo. Su carta no ha cambiado desde hace más de un siglo: pepitoria de gallina y tortilla de escabeche. El viejo dicho de renovarse o morir no parece afectar a ésta y otras muchas tabernas, como Alhambra (Victoria, 9), con su fachada de azulejos, La Casa de las Torrijas (Paz, 4), que sirve este dulce tradicional durante todo el año o Casa Labra (Tetuán, 12), a dos pasos de la Puerta del Sol, con su bacalao rebozado y croquetas. Una placa en su fachada recuerda que aquí se fundó el Partido Socialista Obrero Español. Los sábados y domingos por la mañana no cabe un alfiler y la gente apura su pincho y cerveza (2,10 €) en la calle.
Otros locales con solera son Casa Revuelta (Latoneros, 3), con estupendos callos y bacalao, y Casa Paco (plaza de Puerta Cerrada, 11), donde triunfan en la barra los chatos (vasitos) de vino de Valdepeñas y los clásicos tacos de queso, jamón y chicharrones (desde 1,45 €). En Carnaval sale de aquí la procesión de El Entierro de la Sardina. El resto del año es punto de arranque para tapear por la zona.
Textos: Silvia Roba Foto: José Barea Publicado en Enero de 1970