Utrera, situada a 30 km de Sevilla, en plena campiña del Bajo Guadalquivir, devuelve a esta comarca del Aljarafe a su esencia de grandes propiedades agrarias y horizontes inabarcables, una raíz rota por el impulso metropolitano de la capital en el corredor que la une con Cádiz. Aquí, como en los puertos gaditanos, nació el cante jondo.
Desde hace unos años se celebra el fin de semana más cercano al 14 de febrero la feria Utrera de Dulce que reúne a las mejores confiterías de la ciudad para competir con su afamada repostería. El más típico de todos es el mostachón, un bizcocho redondo. Algunos le otorgan origen romano, otros árabe. Lo cierto es que el lugar más típico de Utrera para comprarlos es la confitería Diego Vázquez (plaza del Altozano, 5), donde los fabrican desde el año 1880.
Otros de los dulces que podrás probar son las capuchinas y los roscos de piñón de la confitería Corpas (plaza del Altozano, 6); los reyecitos (mostachones con nata y tocino de cielo) y los rosquillos de viento de Reyes (plaza de la Constitución, 4); y las bizcoletas (bizcocho, yema y merengue) o las lenguas de dulce de leche de la confitería Segovia (Ruiz Gijón, 2).
Rutas para todos
En el apretado casco antiguo utrerano bulle aquella ciudad próspera que capitaneó el reino de Sevilla en la época de Felipe II. La Oficina de Turismo organiza visitas guiadas (concertar cinco días antes). Si vas por tu cuenta traza una línea imaginaria desde la plaza del Altozano y la fuente de los Ocho Caños. A lo largo de ella encontrarás las ruinas del castillo y la iglesia de Santa María de la Mesa, una joya renacentista. El Ayuntamiento de Utrera también propone rutas de senderismo por los alrededores, como las lagunas de Arjona, donde habita una importante colonia de aves acuáticas; o el itinerario para bicicleta de montaña que parte de la fuente de los Ocho Caños y llega al pantano de la torre del Águila (13 km).