Es difícil concebir una llegada más romántica a Bora Bora
De tanto imaginarlas, las islas de la Polinesia no parecen reales. Pero a medida que el pequeño avión que te trae desde Tahití desciende para tomar tierra en Bora Bora, ya se distinguen perfectamente esos picachos de basalto de paredes imposibles donde se quedan prendidas las nubes blancas. También se divisa el tapiz verde insultante de las palmeras, como si fueran de jade; las tiras brillantes de arena re luciente; y sobre todo, la laguna turquesa más hermosa de todas, rodeada por el atolón coralífero que hace de la isla la joya de la corona del Pacífico.
El atolón que la rodea está salpicado de islotes llamados motus, y el aeropuerto está construido en uno de ellos. Al aterrizar, los pasajeros son recibidos por grupos de vahines que les cuelgan collares de flores y les dedican las palabras de saludo de las islas: Ia orana, maeva, que con el eco de los sueños más dulces. Luego hay que saltar a una lancha para recorrer la laguna. Es difícil concebir una llegada más romántica a Bora Bora. Da de comer a los tiburones, bucea y luego recorre la isla en 4x4
Bora Bora pertenece al archipiélago de la Sociedad; con una superficie de 40 km2 es, sobre todo, mar. Su laguna exterior, rodeada por el anillo de coral y repleta de enormes rayas y barracudas, es la piscina natural más espectacular del mundo, y atrae de manera irresistible. Para vivirla, lo mejor es contratar excursiones de medio día o, mejor, de día entero (se puede gestionar en cualquier hotel, te proporcionan gafas, tubo y aletas), e incluyen un poco de todo. El barquito sale del embarcadero y de camino se dan las primeras instrucciones a los pasajeros.
La primera parada es para dar de comer a los tiburones y a las rayas. Todos saltan al agua y se colocan detrás de una cuerda mientras los expertos sacan la comida para los animales, que acuden puntualmente a la cita diaria. Agarrados a la cuerda, todo se observa a través de las gafas, y el espectáculo es realmente impresionante.
Los tiburones no son muy grandes, miden alrededor de un metro, pero tragan las piezas ofrecidas de un bocado. Y a un par de metros de distancia. Se vuelve al barco y se pone proa hacia un verdadero jardín de coral, en el que se vuelve a bucear. Es éste un mundo de colores increíble, difícil de imaginar. Aquí se nada entre nubes de peces de nombres tan sorprendentes como su apariencia (el pez trompeta, el pez mariposa, el pez sargento mayor, el pez ángel, el pez pinocho). Exhiben los colores más vistosos del mundo, con las combinaciones más llamativas. Y son muy curiosos. Te observan con el mismo interés que tú a ellos.
Luego, el barco se encamina a la playa de un motu donde hay tiempo para otro baño mientras se prepara la comida, que consiste en pescado, verduras locales, frutas y dulces. Después, vuelta a la playa, a tomar el sol o a por otro baño. Desde el motu, los pilares basálticos de Bora Bora son el mejor telón de fondo que se pueda imaginar para una playa. Una excursión de un día, con comida en un motu, cuesta unos 62,88 € por persona con la compañía Teremoana Tours (67 75 06). Si sólo quieres un buen lugar para bañarte y tomar el sol vete a la costa oeste, a las playas de Pointe Matira.
Textos: Ángel M. Bermejo Foto: Ángel M. Bermejo Publicado en Enero de 2002