No esperes un flechazo a primera vista. La belleza de Omán no es de las que entran por los ojos, al menos al principio. Este país te atrapará lentamente, sin prisas. Primero, con sus olores, como el del incienso; después, con sus sabores, dulzones como los de sus dátiles y su té; y, por último, con sus gentes, sencillas, amables y con una inocencia casi infantil.
Cerrado durante años al turismo de masas, este pequeño rincón de Arabia aún conserva virgen todo su encanto. Desde Muscat, la capital, hasta Salalah, en el profundo sur, fronterizo con Yemen, pasando por Nizwa y Sur, podrás cambiar del marrón del desierto al verde de las montañas en cuestión de unas horas. Por tierra o por aire, como prefieras, porque en ese sentido Omán es un país moderno. Los dividendos del petróleo se dejan notar, y de qué manera. Carreteras perfectamente asfaltadas y señalizadas, aeropuertos equipados con los últimos adelantos técnicos, grandes cadenas hoteleras, teléfonos en cualquier sitio... La gasolina es barata y los coches, últimos modelos.
Olvida el regateo porque aquí no se lleva. Si te preocupa la seguridad, puedes estar tranquilo, el viajero sigue siendo sagrado. Eso sí, el sol no perdona y la humedad es brutal. Por eso, ahora que llega el invierno, es el momento de dejarse caer por aquí. Sin prisas, sin turistas, todo para ti.
Muscat. El sueño dorado del sultán
La capital es la puerta de entrada y salida del Sultanato. Aquí se encuentra el principal aeropuerto del país y aquí están situadas la inmensa mayoría de las embajadas extranjeras. Muscat es una capital pequeña –la población de Omán apenas supera los 2 millones de personas– dividida en tres distritos, donde junto a la población omaní conviven en armonía numerosos emigrantes indios y pakistaníes.
Para moverte por Muscat tendrás que armarte de paciencia porque, hoy por hoy, todo está en obras. Se están Construyendo nuevas avenidas, rotondas, circunvalaciones... Dejando a un lado estos inconvenientes, la ciudad es muy agradable, tranquila y segura.
Muscat tiene pocas tiendas y hoteles, pero aquí admirarás el Palacio del Sultán y el puerto original de la ciudad, flanqueado por los fuertes Jalali y Mirani, construidos por los portugueses en el siglo XVI. Fíjate en las paredes de roca que hay a ambos lados del puerto: sobre ellas encontrarás escritos los nombres de los barcos que durante décadas llegaron a estas costas.
Textos: Julián Dueñas Foto: Paul Alan Putnam Publicado en Enero de 2001