La vía verde del Tajuña discurre por la vega del río y su rojo asfaltado y buena señalización la convierten en una aventura muy cómoda. A las afueras de Morata de Tajuña, adonde se puede llegar en autobús (La Veloz. 91 409 76 02), una señal indica el punto de partida de los 34 km de la ruta. Al atravesar la población, puedes visitar la iglesia de la Concepción y admirar el decimonónico Ayuntamiento, considerado uno de los más bonitos de la Comunidad de Madrid. Tras salvar algunos badenes, te será fácil llegar a Perales de Tajuña, atravesar sus calles de casas encaladas y hacer una parada en algún bar del pueblo. También puedes descansar en la isla fluvial de Taray, formada por la bifurcación del río Tajuña, y en la que hay antiguas fábricas de papel y una ermita, además de sauces, adelfas y cerezos. La vía pasa luego por debajo del viaducto de la A3 y se interna en el valle del Tajuña, cuya verde vega está delimitada por impresionantes farallones de yeso en los que hay cuevas del Neolítico. De aquí a Tielmes.
Estaciones reconvertidas
La vía sigue trazando su línea roja sobre el paisaje. De vez en cuando aparecen solitarias estaciones con historia, como la de Chavarri, donde se cargaban las botellas del agua de Carabaña. Entra en su iglesia renacentista y el palacio del Virrey. Después puedes enlazar con la vía verde del Tren de los 40 días hasta Estremera.
De vuelta a la vía original, el siguiente pueblo es Orusco de Tajuña, donde la antigua estación es hoy un mesón. La parada está más que justificada. Visita Villa Castalla, antiguo molino reconvertido en un museo-tienda de alfombras y muebles de mimbre. Un agradable tramo entre arboledas y pequeños acantilados sobre el río te llevará hasta Ambite, punto y final de la ruta.
Curiosidades:
Durante la batalla del Jarama (1937) el ejército franquista cortó el enlace ferroviario Madrid-Alicante entre Ciempozuelos y Getafe. Para poder abastecer a la capital asediada se construyó rápidamente un nuevo tren que unía Torrejón con Villacañas a través de Tarancón. Así nació el Tren de los 40 días, porque ése fue, exactamente, el tiempo que se tardó en construir.
Textos: Miguel Mañueco Foto: Santiago Fernández Publicado en Abril de 2005