Monte Cervino - Zermatt ( Suiza ) Nos pareció estar en el fin del mundo. Solo respirabas aire puro y el único paisaje a tu alrededor, ... Autor: MONTSE VICTORI
Si echas a andar por las calles de la Kleinbasel (orilla norte del Rin) puedes acabar en Alemania; lo mismo ocurre al otro lado del río, pero con Francia. De hecho, el aeropuerto de Basilea está en territorio francés (a 5 km del centro) y una parte del mismo es suizo mientras que la otra pertenece a la Unión Europea. Cada día, más de 30.000 trabajadores alemanes y franceses cruzan la frontera suiza para trabajar en las industrias farmacéuticas que se ubican en Basilea (Novartis, La Roche).
Y así, esta ciudad, de aparencia sosegada, es un continuo ir y venir, una mezcla humana muy bien llevada. A los ojos del visitante, la primera impresión es la de una típica ciudad centroeuropea, próspera y coqueta. Llena de museos (27 en total), escaparates de lujo y un transporte público ejemplar. Una ciudad tranquila, sin sobresaltos. Pero cuando te metes a fondo en su piel, descubres que Basilea es una urbe moderna, de espíritu renovador, con restaurantes a la última, una universidad –la primera que se creó en Suiza– que abastece de jóvenes sus noches más divertidas. La ciudad acoge cada año el Art Basel, la mayor feria de arte contemporáneo del mundo (este año, del 13 al 17 de junio). De aquí salieron arquitectos de renombre como Jacques Herzog y Pierre Meuron (Tate Modern Gallery de Londres, edificio Fórum de Barcelona). Y puestos a enumerar a sus hijos más célebres, no podían faltar Roger Federer, número uno del tenis mundial, y el científico AlbertHofmann, descubridor del LSD.
La Ciudad Vieja
Basilea es una ciudad muy fácil de abarcar, bien a pie, bien en tranvías, que funcionan de maravilla. Utiliza la Mobility Card que te darán, gratis, en el hotel donde te hospedes. Te permitirá moverte cuanto quieras en el transporte urbano sin pagar un franco. Comienza por explorar la Ciudad Vieja, enclavada en la orilla sur (Grossbasel). Lo primero es acercarte hasta la Catedral (siglo XII), en la Müntersplatz.
Textos: Sonsoles González Foto: Paul Alan Putnam Publicado en Febrero de 2007
“Yo estuve en Basilea con mi famili este verano. La ciudad nos pareció preciosa, los alrededores supertranquilos. Aceptan euros y hablan inglés en casi todos los sitios. La pena fue que era domingo y las tiendas estaban todas cerradas, nos quedamos con las ganas de volver. Lo únivo malo a destacar fue que los únicos baños públicos que vimos, estaban supersucios, cosa que a la ciudad no le va, pues es todo lo contrario. Cuando acabó la jornada y volvíamos a Selva Negra que es dónde estabamos alojados, el espectáculo que ofrece el Rin es grandioso, y la presa que controla el río es digna de una visita. Espero volver.
”