Te proponemos un itinerario muy divertido para conocer la otra orilla de la ciudad y, a la vez, disfrutar del Rin a tope. Cruza el río por el Mittlere Brücke y entrarás en la Kleinbasel (pequeña Basilea), que antiguamente fue el barrio obrero. Si continuas todo recto llegarás a Messeplatz, donde se levanta el edificio más alto de Suiza, con 31 plantas.
En la última planta de la torre Messe se ubica uno de los locales de moda de la noche basiliana. Es el Bar Rouge que, como su nombre indica, está todo decorado en rojo. Pero lo más peculiar es que sus paredes son un inmenso cristal con vistas a toda la ciudad. Y lo mismo ocurre en los baños. Tranquilo, desde abajo es imposible que alguien te observe...
Pero volvamos a la luz del día y a las orillas del Rin. Desde el paseo que discurre paralelo a sus aguas, el Solitude Promenade, disfrutarás de las mejores vistas de la Ciudad Vieja. Es una zona residencial, con algún que otro consulado y muchos jardines. Te cruzarás con ciclistas, amantes del footing y algún personaje irrepetible. Como Burrkhard Rúdel, que se dedica a recorrer el país a pie regalando zapatos, que él mismo fabrica, a quien los necesite. ¿Millonario excéntrico o loco de atar? La verdad es que esta orilla del Rin deparará aún más sorpresas. Pasado el Solitude Park, aparece el magnífico edificio del museo Tinguely (6 €), obra de Mario Botta, y dedicado al escultor suizo más conocido del siglo XX. Son famosas sus esculturas mecánicas y algunas se exhiben en el jardín de entrada. Nuestra sala preferida es La Barca, proyectada sobre el Rin y con unas espléndidas vistas de la ciudad. Y un detalle muy suizo: hay sillitas para los niños y sillas de ruedas para gente mayor o discapacitada.
El barrio más antiguo
De vuelta por el paseo que bordea el río, baja hasta el embarcadero de St. Alban. Desde las 11.30 h y hasta las 17 h, funciona un pequeño transbordador de madera que, en 5 minutos, te traslada a la otra orilla (Grossbasel). No tiene horario fijo; cruza cada vez que un cliente hace sonar la campana y además, es ecológico, pues se mueve con un cable, sin motor. Te apearás a los pies del barrio más antiguo de Basilea, St. Alban, un pintoresco núcleo de casitas con entramado de madera de los siglos XV y XVI. Entre las callejuelas discurre el canal del St. Albanteich, construido por los monjes de St. Alban y junto al que se instalaron molinos dedicados a la fabricación de papel. Hoy, uno de ellos es el Museo del Papel.
El curso del canal te guiará entre plazuelas y calles silenciosas, hasta llegar a la iglesia de St. Alban, levantada allá por el año 1270. Sube por St. Alban Vorstadt y te toparás de frente con la bella torre de St. Alban. Al atravesarla, volverás al mundo de los coches y tranvías.