Pocas cordilleras de nuestra península despiertan tanto hechizo como esta comarca
El valle embrujado
No es el más alto, ni el más salvaje. Pero sí el más verde. Mimado por nubes y borrascas, el Pirineo navarro ofrece una magnífica estampa de frondosos hayedos, robledales y prados en los que pastan ovejas y caballos. Y el paradigma de esta exuberancia pirenáica es el valle de Baztán. Está situado al noroeste de la provincia –delimitado por los puertos de Belate, Otsondo e Izpegi y por el Parque Natural de Bertiz– y es un lugar tranquilo y misterioso, un bello cúmulo de palacios y caseríos, bosques y regatas, que encuentra en la tradición, la naturaleza y el idioma –el euskera– sus frutos más preciados. La historia de Baztán puedes palparla en construcciones como el monasterio de San Salvador, en Urdax –un municipio separado del valle, aunque enclavado en su geografía–, que en la edad media servía de refugio a los peregrinos del Camino de Santiago.
Quince pueblos con historia
Al abrigo de los macizos de Quinto Real y Cinco Villas, se extienden los 374 km2 del valle de Baztán. Sus elevaciones apenas sobrepasan los 1.000 m, ya que los Pirineos empiezan aquí su descenso al Cantábrico. La proximidad del mar propicia abundantes precipitaciones, lo que, unido a un clima suave, favorece el cultivo de aguacates y especies exóticas. En la actualidad, el municipio está formado por 15 pueblos; de norte a sur: Amaiur, Errazu, Azpilkueta, Arizkun, Elvetea, Elizondo, Garzáin, Lekároz, Irurita, Arraioz, Oronoz, Ziga, Aniz, Berroeta y Almandoz.
Te recomendamos comenzar por Amaiur. Además de sólidas casonas, aquí verás varios palacios, una iglesia gótica y, en lo alto de un cerro, un castillo medieval: la última fortaleza navarra en caer en manos castellanas, en 1522. Cerca están Errazu –visita la iglesia de San Pedro, del siglo XVII–, y Arizkun, donde destaca el palacio de Ursúa, del siglo XIV, el de Bergara y la iglesia de San Juan Bautista.
Elizondo, partido en dos por el río Baztán, exhibe sobrias casas palaciegas y un ayuntamiento barroco. No te pierdas la iglesia de Santiago, los palacios de las Gobernadoras, el de Dauté y la Casa del Virrey. Otra joya de esta localidad, capital del valle, es su gastronomía. Prueba sus carnes, como el chuletón del Baztán, los hongos, los quesos y, en especial, los chocolates. La pastelería Malkorra (Jaime Urrutia, 15. 948 58 00 61) es uno de los templos de los golosos, con clientes tan ilustres como Pío Baroja. Aunque su casa estaba fuera del Valle, en Vera de Bidasoa, el escritor venía a esta pastelería para degustar su famoso urrakin egina (chocolate con avellanas enteras).
Con catedral propia
Desde aquí, coge la estrecha carretera (NA-2540) hasta Ziga. En esta típica localidad baztanesa te aguarda el edificio parroquial de San Lorenzo, del siglo XVI, el mejor exponente del herreriano navarro. Al templo (entrada libre) se le conoce como la catedral de Baztán y conserva obras como el lienzo de Sta. Catalina de Alejandría. Visita también dos casonas palaciegas de la localidad: la de Indartea, en el barrio de Zigaurre, y la de Iturrigaraia.
Nada más pasar Ziga, la carretera te regala de inmediato otro paraje de altura: el mirador de Baztán, un lugar privilegiado desde donde contemplar el bucólico paisaje del valle.
Baztán es tierra pródiga en leyendas y lugares mágicos. Aquí es fácil creer en los seres de la mitología vasca como brujas (sorguiñas, en euskera), sirenas (lamias) y serpientes gigantes y aladas. Para verlos y sentirlos en directo, al norte del valle tienes dos visitas obligadas.
La primera es Zugarramurdi, un pequeño caserío con las fachadas pintadas de blanco, jambas y dinteles de piedra rosada y balcones con entramados de madera. Pero su fama mundial nace en sus prados de Akelarrea (macho cabrío, en euskera) y en su cueva, donde, según cuenta la leyenda, se celebraban los famosos akelarres. En la edad media, esta gruta natural era el lugar escogido por los aficionados a la brujería para celebrar sus reuniones, en las que había baile, rituales y una alegre promiscuidad sexual. Por estos motivos, la Iglesia, en 1610, envió a los inquisidores, quienes juzgaron a 300 vecinos de la comarca, encarcelaron a 40 y quemaron a 12. La cueva de las Brujas, como se la conoce desde entonces, está a 500 metros de Zugarramurdi y abre todo el año (entrada: 3,5 €. 948 59 93 05). Si estás más interesado en la brujería, visita el museo que la localidad acaba de abrir sobre este tema. (Entrada: 4 €, y 6, 5 € combinada con la cueva). El paraíso de las estalactitas
En Urdax (Urdazubi), no te pierdas las cuevas de Ikaburu. Son importantes por haber sido habitadas por el hombre en el Neolítico y por las caprichosas formas que el río Urtxuma, que atraviesa su interior, crea desde hace 14.000 años. El recorrido está perfectamente iluminado y abierto todo el año. Las visitas, guiadas, duran entre 30 y 45 min. (Entrada: 4,5 €. 948 59 92 41).
Textos: Oriol Pugés Foto: Patxi Uriz Publicado en Agosto de 2008