Alrededor de Cagliari, tienes calas solitarias y poblaciones marineras
Bosques y jardines de piñas, mirtos y naranjos combinan con paisajes áridos y cegadores que recuerdan al continente africano. Y no es de extrañar, pues sólo 180 km separan Cerdeña de las costas de Túnez. Todo el litoral sur de la isla está plagado de pequeñas calas que no tienen nada que envidiar a las más famosas del norte y que se están empezando a valorar en todo su esplendor. Algunos bancos ingleses han hecho inversiones millonarias en la zona de Castiadas (a poca distancia de la capital) para la construcción de campos de golf y residencias exclusivas.
De momento, sólo se ven casas diseminadas por un campo que sirvió durante mucho tiempo como colonia penal agrícola. Descubre ahora sus puertos poco frecuentados por turistas, sus yacimientos arqueológicos, sus viñedos y sus playas de arena fina.
Sólo su capital, Cagliari, ya es una joya arqueológica que guarda milenarios testimonios de las culturas fenicia, cartaginesa y romana. Para comprobarlo, te bastará con pasear por su casco antiguo o los barrios de Stampace, La Marina y Villanova, surgidos del mar entre palacios, iglesias y jardines, hasta las cumbres panorámicas de las torres de su castillo. Frente al estanque de Santa Gilla se encuentra Tuvixeddu, que en dialecto significa colina de los pequeños foros. En este lugar, que resiste al crecimiento de la ciudad, se ubica una de las necrópolis fenicio-púnicas más importantes y extensas del Mediterráneo, con más de mil tumbas excavadas en la roca entre los siglos VI y III a.C. Muchos de los restos que aquí se descubrieron los verás en el Museo Arqueológico Nacional, ubicado en la Cittadella dei Musei, donde también se halla la Pinacoteca Nacional y otros museos.
Cafés con historia
Volverás al presente muy deprisa cuando recorras el paseo de Sant’Avendrace hasta la zona portuaria, acceso al corazón de la capital, con los palacios y pórticos de la calle Roma, la fachada marmórea del Palazzo Civico, los escaparates de la avenida Carlo Felice y la calle Manno, hasta la plaza de la Constitución. En la calle Manzini, pásate por el taller de Luciano Bonino, el diseñador de moda que crea prendas originales, conjugando la geometría y los colores tradicionales de la indumentaria sarda con la elegancia más refinada. Además, Luciano te sugerirá lugares que te permitirán comprender mejor la atmósfera de esta ciudad. Es obligado un descanso en el Café Suizo, en la avenida Carlo Felice. En este histórico local de ambiente refinado se mostró, en 1905, la primera proyección cinematográfica de la ciudad. Al recorrer la estrecha calle entre los edificios en restauración y los muros desconchados del barrio Castello, bajo la Torre del Elefante, el Café Libarium te ofrece cócteles, aperitivos e infusiones que podrás paladear tranquilamente mientras observas el tráfico febril de la parte baja de la ciudad.
Entra en el bar Predalush, en la calle Genovesi, para respirar su atmósfera efervescente. Si buscas un ambiente tranquilo, desciende a la cavidad de un aljibe púnico en el Café Karen (calle Università). En De Candia (Candia, 3) disfruta de una copa al anochecer, al amparo del baluarte de San Remy.
Textos: Gianmario Marras / Hoa-qui Foto: Gianmario Marras / Hoa-qui Publicado en Junio de 2006