Alghero está situada en una península y es la más bella ciudad de Cerdeña. Fue fundada por los genoveses, conquistada por los aragoneses en 1353 y poblada posteriormente por colonos procedentes de Barcelona y Valencia. Incluso hoy, el dialecto hablado en Alghero es muy parecido al catalán y la paella es un plato típico. Cuando camines por sus estrechas calles empedradas, con la ropa tendida revoloteando sobre nuestras cabezas, la vieja ciudad amurallada te recordará al barrio gótico barcelonés.
Alghero está hecha para disfrutar del descanso, la buena comida y las compras. Empieza el día en el Café Costantino, en Piazza Civica. Hoy, éste es un apacible lugar, con el bello palacio gótico de Albis y un pequeño mercado de artesanos que abre sus puertas los fines de semana. Enfrente del café puedes disfrutar del apetitoso aroma que despide Ghiotto (nº 23), una espléndida tienda de delicatessen repleta de panes locales, aceites de oliva, vinos, jamones y quesos pecorino.
La Via Carlo Alberto parte de la plaza y nos adentra en la tentación. Esta calle (al igual que la Vía Roma, con la que se cruza) está salteada de joyerías y boutiques, muchas de ellas especializadas en coral. Roberto Coghene (Arte Orafa, nº 17) es joyero desde hace 20 años. Sus piezas se basan en motivos antiguos.
La zona de Alghero siempre ha sido conocida como la Costa del Coral, pero hoy su extracción está rigurosamente controlada. La mayor parte de los corales mostrados en las tiendas locales procede de los alrededores de Nápoles. En las proximidades se encuentra la iglesia de San Michele, con su bellísima cúpula policroma y el claustro de San Francesco. Si eres goloso, no olvides visitar La Dispensa (Vía Carlo Alberto, 65), donde podrás saborear el turrón de almendra recién elaborado por la familia Floris.
De vuelta a Alghero, el Caffè Latino, en el Bastini Magellano, es el lugar para disfrutar de la caída de la tarde o del primer aperitivo de la noche. A continuación, nada mejor que un agradable paseo alrededor del Baluarte que protege a ciudad, para saborear después con apetito una deliciosa cena en Il Pavone, convenientemente situado en el otro extremo del paseo, en Piazza Sulis, 3-4.
Con Alghero como base, puedes realizar excursiones más largas: a Sassari, por ejemplo, con su museo arqueológico y el festival Calvalcata cebrado en mayo; o a la península de Stintino, con sus blanquísimas playas y los restos de la vieja industria del atún. Por su parte, las minas abandonadas de zinc y plata de Argentiera ejercen una escalofriante fascinación. O también puedes encaminarte hacia el sur, en dirección a Bosa (también accesible en el mismo día).
Las panorámicas carreteras costeras atraviesan laderas cubiertas de plantas multicolores. Gran parte de la costa es rocosa y traicionera, pero encontrarás buenas playas en La Speranza y Cape Marargiu. Bosa parece olvidada por el tiempo, ignorada por el turismo de masas. Posee una bella playa protegida en el poco cuidado centro turístico de Bosa Marina, pero su centro histórico se encuentra a 2 km tierra adentro, en las orillas del Temo, erigido en las laderas de una pronunciada colina que rodea al Castello Malaspina, construido en el siglo XII. Fue diseñada como ciudad real bajo la dominación de los españoles y es famosa por su vino Malvasía y sus encajes.