Al volante de un coche o una motocicleta de alquiler, por estrechos caminos rurales, a la sombra de cocoteros y florecientes hibiscos, disfrutarás de la abundancia con que la naturaleza ha premiado a este pequeño estado. Entenderás por qué la dulzura de sus mangos, la fertilidad de sus arrozales y las refrescantes brisas marinas son famosas y envidiadas por el resto del país.
En Goa encontrarás playas con sofisticados restaurantes y cómodos alojamientos y otras muy poco frecuentadas, en las que los pescadores locales faenan en las redes a la sombra de las palmeras y donde ni siquiera encontrarás un pequeño chiringuito de refrescos.
Si lo que te va es la comodidad y el entretenimiento sofisticado, vete a las de Baga y Calangute, a 15 km de Panaji y donde aterrizaron los primeros hippies. Aquí encontrarás buenos hoteles, restaurantes y mucha animación nocturna. Acércate al Kerkar Art Complex, (08 32 27 60 17) en Calangute, que exhibe artesanía de artistas locales. Dos días a la semana hay espectáculos de danza y conciertos de música clásica india.
Si tienes tiempo puedes hacer una excursión a Mottant, cerca del convento Bom Viagem, un lugar ideal para hacer un picnic y tomar las aguas (aseguran que tienen propiedades medicinales).
Si las múltiples tumbonas y el gentío te agobia, una alternativa más relajada es la playa de Colva y Benaulim, al sur de la capital, donde la presencia del turismo es notoria pero no ha llegado al punto de expulsar a los pescadores locales. Colva es además la playa preferida por indios para relajarse los fines de semana.
Si tu presupuesto es más ajustado y buscas una atmósfera relajada y tranquila, las playas más recomendables son la de Arambol, al extremo norte del estado, y Palolem, en la frontera sur de Goa. Aquí los alojamientos son sencillos pero tienen mucho encanto. Suelen estar construidos con los materiales tradicionales como madera y paja, y mantienen la armonía del entorno. Y si buscas una vida nocturna animada, vete a Chapora y Vagator, donde durante los meses de temporada alta, entre los meses de octubre y febrero, se celebran las mundialmente famosas fiestas tecno de Goa, a las cuales asisten cada año miles de jóvenes provenientes de todo el mundo.
Capítulo aparte merece el mercado de la playa de Anjuna, que cada miércoles congrega a miles de turistas que van en busca de un recuerdo o para disfrutar de su peculiar atmósfera. Si vas a comprar ten en cuenta que es imprescindible regatear.
Te recomendamos aventurarte por el resto del litoral. Aprovecha la oportunidad y refréscate visitando pueblos protegidos bajo la sombra de árboles y aireados por la fresca brisa marina. Su arquitectura y emplazamientos son tan simples como evocadores: junto a la plaza central, que por lo general no es más que un claro de tierra rojiza en medio del verde intenso de los cocoteros, encontrarás casi siempre una blanca iglesia barroca. A un costado, la escuela, y al otro, la taberna del pueblo, lugar de reunión de los hombres cada tarde. Cerveza fría en mano, es un placer dejar pasar las horas de la tarde jugando al dominó o enfrascado en una entretenida conversación. Y quizás tengas la suerte de conocer a algún personaje dispuesto a explicarte sobre Goa y su gente. Como un día lo hizo conmigo don Faustino Fernández: “En Goa somos completamente distintos a los indios. Tenemos una lengua distinta, nuestra mentalidad es diferente. Aquí no comemos chapati sino pan, nos reunimos en tabernas y no en salones de té, la mayoría no somos hindúes sino católicos, y nuestros músicos tocan la guitarra, no la sitar, para cantar fados” me explicaba orgulloso. “Los portugueses llegaron a Goa dos siglos y medio antes que los ingleses, y se marcharon una década después de que lo hicieran los ingleses. ¿Cómo no vamos a sentirnos apegados a la cultura portuguesa?”.