Es el momento de volver a Miami. Las medidas de seguridad en el aeropuerto son exhaustivas y se tarda más de lo normal en los trámites de entrada, pero la recompensa es grande. La ciudad está llena de sorpresas, especialmente a nivel humano. North Beach, donde la vida parece anclada en los años cincuenta, reúne la mayor comunidad de origen judío de América y gigantescos hoteles, como el Fontaineblau, cuartel general de Frank Sinatra en su época dorada. En el impecable Key Biscaine se han instalado muchos ricos y famosos; Coral Gables brilla con sus plazas y mansiones en estilo español o italiano; CoconutGrove es el refugio de artistas e intelectuales, y South Beach destaca por sus casas multicolores en estilo art déco y la mayor concentración de gente guapa. Pero tampoco hay que olvidarse del Downtown, una extraña mezcla de vociferante capital iberoamericana con apabullantes rascacielos y un paseo marítimo cuajado de lujosas marinas.
Pero no todo es de color rosa en el sur de Florida. Aunque los niveles de delincuencia han descendido hay que tener mucho cuidado en ciertos barrios y en general por la noche, donde las historias de Corrupción en Miami son una implacable realidad.
Come con famosos
A 5 km del Downtown, Miami Beach está formada por veinte kilómetros ininterrumpidos de playa que culminan en South Beach. Cientos de edificios multicolores construidos en los años veinte son el principal atractivo de este barrio. Para conocerlos, puedes unirte a un tour de Miami Design Preservation League (1001 Ocean Drive). Si se hacen a pie, cuestan unos 12 €, pero también los organizan en bicicleta. La mayoría se han convertido en hoteles, restaurantes, y otros en casas privadas como la del desaparecido Versace (Ocean Drive esquina calle 10).
Al atardecer, se encienden los neones y el conjunto de edificios se convierte en un gran escenario teatral. Puedes tomar algo a buenos precios. El mítico Larios on the Beach (820 Ocean Drive), de Gloria Stefan, sirve platos originales por unos 14 €. En el News Café, donde modelos y actores esperan ser descubiertos, una cerveza no supera los 5 €. Las mejores vistas las tiene South Pointe Seafood House, un chiringuito de lujo con un buffet de marisco por 30 €.
Por la noche, entra en Bash (655 Washington Ave), de Sean Penn. Delirios de Coral
Aunque cada municipalidad tiene su propia idiosincrasia nada es comparable a la grandilocuencia de Coral Gables, un exceso urbanístico en el más puro estilo americano de principios del siglo XX, que hoy se conserva prácticamente intacto. George Merrick hizo realidad su sueño de hacer una ciudad mediterránea con cuatro entradas triunfales que se comunican a través de elegantes bulevares con plazas y jardines. Entra por NW 22nd St, que se une con lo que él llamó la Milla Milagrosa, repleta de tiendas de lujo.
Y visita Colonnade Building (133-169 Douglas Road), donde estaba la oficina de Merrick, y lo que fue su mansión (907 Coral Way) transformada ahora en museo (entrada: 2,5 €, abre domingos y miércoles).
La Pequeña Habana Nostalgia de Cuba
Los cubanos que comenzaron a llegar a Miami a mediados de los cincuenta se instalaron en Riverside, que no tardaría en convertirse en la Pequeña Habana, cuyo centro es la Calle Ocho.
Aquí encontrarás un ambiente cargado de nostalgia de los años prerrevolucionarios, con mucha música de Beni Moré y CeliaCruz. También tiendas con artículos de santería, como Botánica Esperanza (901 SW 27th St.), La Casa de la Piñata (165 SW 8th St.) o La Casa de las Guayabas (8th St, un poco más adelante).
Para disfrutar de la mejor gastronomía cubana, ve a Versailles (3555 SW 8th St.). Desde 18 €. En Ayestaran (706 SW 27th Ave.) tienen platos especiales cada día y tampoco supera los 18 €.
También vale la pena visitar el Museo de Arte y Cultura Cubana (1300 SW 12th St; 6 €).
Textos: Javier Mazorra Foto: Javier Mazorra Publicado en Marzo de 2002