A
Nueva Zelanda llegarás muy aturdido (unas
30 horas de vuelo y una diferencia de 10 horas –con el actual cambio de horario– respecto a España). Nada más pisar
Auckland, la puerta de entrada al país, notarás que todo es funcional y está bien organizado, el ambiente es muy europeo. Nada te resultará exótico y sí demasiado familiar. A continuación, la gran pregunta: ¿He recorrido medio mundo, casi 20.000 km, para sentirme como en casa? ¡Vaya fiasco! Tranquilo. Es sólo el principio.
Nueva Zelanda es perfectamente abarcable. Su tamaño es similar a
Japón o Gran Bretaña. La diferencia es que aquí viven poco más de 3,5 millones de habitantes repartidos entre las dos islas que forman el país:
la Isla del Norte y
la Isla del Sur. La gente es muy pacífica y tolerante. Sólo tienes que fijarte en los símbolos nacionales. No son ni águilas, ni leones, sino un kiwi –ave terrestre que perdió sus alas al no existir en las islas mamíferos depredadores– y una oveja, el principal recurso de estas tierras.
Hay más ovejas –sesenta millones– que habitantes. Pero esperas ver algo más que ovejas. Seguramente has venido
hasta aquí en busca de un viaje diferente. Y no te has equivocado. En Nueva Zelanda vas a saber lo que es aventura. Gran parte del país, el 20%, está declarado
Parque Natural. Podrás ver especies únicas, adentrarte en los mayores bosques tropicales del planeta, volar sobre volcanes, hacer rafting. La locura con mayúscula.
Pleno veranoNueva Zelanda goza de más de
2.000 horas de sol al año. La mejor época para viajar es ahora: entre octubre y marzo (verano austral). Los mejores precios se encuentran sin embargo en temporada baja: de abril a septiembre. El clima es templado, con peculiaridades: subtropical en el norte y más templado, incluso frío, en el sur, donde la nieve cae a partir de los 1.000 m. El extremo norte de la
península de Auckland es la zona más calurosa.
La cerveza y el rugby, DIVERTIMENTOS favoritosEl viaje comienza en la Isla del Norte, donde se encuentran las
principales ciudades de Nueva Zelanda:
Auckland – la cuarta ciudad más extensa del mundo–y
Wellington, la capital. Toda la isla ha sido modelada por el fuego: volcanes, géiseres y paisajes de aspecto lunar son sus grandes atracciones, además de utilizarse como fuente de energía alternativa y limpia. Has de saber que Nueva Zelanda es la tierra prometida de los ecologistas.
Cada año, en agosto, se celebra la
Semana de la Conservación de la Naturaleza en todas las escuelas y la obsesión por el medio ambiente es increíble. Pero el país no es sólo un enorme laboratorio natural (conserva un 70% de su flora y fauna autóctona).
Muchas conquistas sociales han venido de esta parte de
las Antípodas. Por ejemplo: fue el primer país del mundo en reconocer el sufragio femenino (1893) y uno de los primeros en aprobar las pensiones a los ancianos, en fijar el salario mínimo, en proporcionar asistencia médica gratuita a niños...