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Atmosfera Desde La Torre Jin Mao Shanghai

Autor: María José

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PINGYAO Y CHENGDE


Descubre Pingyao, la última ciudad medieval del país

Maravillas imperiales de China

Pingyao: La ciudad encantada

Siete de la tarde en la estación del oeste en Pekín. El silbato avisa de la salida del tren nocturno a Pingyao, ciudad medieval mejor conservada de China y declarada patrimonio de la humanidad en 1997 por la Unesco.

La ciudad-museo agrupa cuatro mil casas antiguas, organizadas según un plan de la época Ming, y 35.000 habitantes viven aún en el interior de los intactos 6 km de muralla del siglo XIV.

La experiencia del viaje en tren

Largo como un convoy de mercancías y cargado de pasajeros hasta la bandera, el tren nos lleva hacia la provincia de Shanxi: una superficie equivalente a un cuarto de la extensión de España, donde se concentran dos tercios de los monumentos históricos chinos.

Sentados, tumbados o de pie, cada uno se organiza y define su perímetro vital: sacan las cartas, el té, las cervezas. Instalados en primera (las famosas literas) algunos hombres de negocios en chancletas (proporcionadas por la compañía de ferrocarriles) deambulan  por los pasillos. La gente se acomoda para la noche.

El vagón restaurante está lleno. La gente ríe, fuma. Huele a tabaco birmano y a guiso. En las literas y sobre los bancos se instala la calma: los chinos duermen por todas partes y en cualquier postura. Los compartimentos de primera son para cuatro personas: literas, cortinas de encaje, colchas. La noche será larga. Un poco antes de las 7 h de la mañana y 500 km después, algunos pasajeros adormilados descienden en Pingyao.

Esta ciudad fue superviviente de la revolución cultural y se ha erigido tesoro nacional. Hoy simboliza el creciente interés de los chinos por su historia y hace las delicias de los extranjeros con ganas de ambiente auténtico.

Sus alrededores también tienen encanto: el monasterio de Shuanglin Si, que custodia estatuas de terracota de un valor incalculable, y las casas de los clan Chang, Wang y Qiao, cuya visita te transportará a la película La linterna roja.

Desde la estación, a tres minutos en coche, accedemos por una de las seis puertas en la ciudad fortificada como si entráramos en un estudio de cine. Como decorado: casas de ladrillos con fachadas de madera se alinean en una geometría perfecta con tejados grises y pagodas. Paneles de laca con delicadas pinturas rematan puertas y ventanas: representan escenas de la vida rural, paisajes, flores. De ambiente: algunos turistas chinos siguen un megáfono. Nos cruzamos con bicicletas (los coches están prohibidos en el centro) que a veces tiran de un carro.

AMBIENTE AUTÉNTICO

En el umbral de las tiendas, los oficios aportan un toque de vida al escenario: un afilador, un zapatero, un vendedor de buñuelos; todos están muy atereados.  A lo largo de las dos arterias principales (ejes norte-sur, este-oeste) los tenderetes de antigüedades (veraderas y falsas) llegan casi hasta la calzada.

Lo que llama la atención y fascina a los visitantes chinos que se acercan cada fin de semana son los antiguos bancos, hoy museos, que en el siglo XIX hicieron la fortuna y el renombre de Pingyao. Aquí fue donde en 1823 nació el sistema bancario chino.

Antes de que sea de noche, una vuelta por las murallas permite contemplar el conjunto de la ciudad y constatar que estamos ante un milagro. Fueron construidas en terracota en el siglo V y reforzadas con ladrillos y setenta y dos torres de atalaya. Estas fortificaciones podían haber caído en la revolución cultural, como otras centenas de murallas de ciudades antiguas. Y la destrucción programada estaba en marcha, pero un arquitecto alertó al gobierno central y ésta se paró. A partir de ese momento Pingyao sería una ciudad protegida.

Las luces rojas se encienden, los pequeños restaurantes se empiezan a animar. Tallarines de harina de avena y ternera, esta noche cocinados al cilantro, conforman una deliciosa cena bañada con una botella de La Gran Muralla. China se inicia en la cultura del vino.

Son apenas las ocho de la tarde y las tiendas cierran sus puertas.  A la luz de los focos se ve que todavía queda mucho por hacer en las obras de remodelación de algunas casas de patio cuadrado (siheiyuan). Algunas se convertirán en casas de huéspedes, pequeños hoteles con encanto en los cuales podrás dormir en camas tradicionales sobre ladrillos, como siguen haciéndolo miles de chinos.

De Compras 

En Pingyao encontrarás las mayores rarezas, como cajas de hueso para grillos muy trabajadas. Porcelana (cuencos, platos de todas las épocas). No intentes averiguar si las piezas son verdaderas o falsas, lo que cuenta es la primera impresión.  Recuerdos de estilo Mao; alforjas, estatuillas, despertadores, relojes, etc. Los lacados son especialidad artesanal de la región: palillos, cuencos, cajas. También puedes visitar talleres en los que se hacen enormes paneles y biombos.
Un consejo: paciencia y negociación.

Castillos chinos

En la provincia de Shanxi, también podemos admirar los guerreros de Xian, y hay seis casas de clanes abiertas al público. Estas moradas de ricas familias son tan impactantes como nuestros castillos. Son propiedades de los siglos XIII y XIX, protegidas por altas murallas, que normalmente cuentan con centenares de estancias ordenadas alrededor de patios, escuela y templos. Han sido restauradas y actualmente constituyen uno de los mayores atractivos de la región. La casa de Qiao, escenario de la película La linterna roja (1991), está llena de turistas. La visita de las casas de los clanes Wang y Chang, en los alrededores de Pingyao resulta interesante y más cómoda.

La gran muralla china 

Si la mayoría de visitantes van a Bada Ling (a 70 km de Pekín) para visitar la Gran Muralla, nosotros te aconsejamos que vayas a Jinshan Ling, en la carretera de Chendge. Este tramo, mucho menos frecuentado, está situado en medio del campo, en una zona de montaña y ofrece un panorama extraordinario. Podemos ver serpentear la formidable muralla durante kilómetros. Si llegas temprano, puedes disfrutar de un paseo a solas y meditar sobre el viejo proverbio chino: No se es hombre hasta que no se ha estado en la Gran Muralla.  

 


Textos: Anne Laure Le Gall
Foto: Richard Manin/Hoa-qui
Publicado en Enero de 1970

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Puesto de comida en la ciudad vieja de Pingyao.

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Datos de Interés
China (Asia)

Moneda Moneda: Yuan
Idioma Idioma: Mandarín
Prefijo telefónico Prefijo tfno: 00.86
Diferencia horaria Dif. horaria: + 6 h
Vacunas Vacunas: Hepatitis A, Hepatitis B, Tifus
Requisitos Requisitos: Pasaporte, Visado



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