Con casi 17 ºC de media anual y 315 días de sol al año, Tarragona sigue fiel a la máxima que ya destacara hace diecinueve siglos el poeta Virgilio: su constante primavera. La ciudad se fundó durante la segunda guerra púnica (año 218 a.C.) y llegó a ser capital de la Hispania interior, la provincia más grande del Imperio romano. Hoy, aún conserva gran parte de su legado monumental y está declarada Patrimonio Mundial por la Unesco desde el año 2000. La mejor opción es contratar los servicios de un guía. Pregunta por Ramón Comes en el Tarraco Guide Bureau (977 24 88 66): organizan visitas a la carta que incluyen, además, alojamiento, reservas en restaurantes y recogida en la estación de tren o aeropuerto. Recuerda que desde finales de diciembre de 2006 el Ave entre Tarragona y Madrid tarda sólo 3 horas en hacer su recorrido.
Un buen punto para iniciar tu visita por el casco histórico es la maqueta de la Tarraco romana que se exhibe en el convento de los Dominicos (volta del Pallol, s/n. Entrada gratuita). Es la segunda reproducción más grande del mundo romano (18 m2) y muestra cómo era la ciudad desde la que el emperador Augusto dirigió las campañas contra cántabros y astures. Abre de lunes a sábados de 9 a 19 h (domingos, de 10 a 15 h).
La ciudad romana
El Paseo Arqueológico de las Murallas, ubicado junto al portal del Roser, es la espina dorsal del recinto fortificado de más de un kilómetro que todavía rodea la vieja Tarraco. Son 800 m de recorrido. Junto a la taquilla de acceso, se encuentra la escalera por la que se asciende a esta parte de las murallas, con unas magníficas vistas del barrio del Campo de Marte.
Una vez sobrepasado el arco se entra de lleno en el Barrio Alto de la ciudad, un laberinto medieval de estrechas y umbrías callejuelas donde se entrelazan los restos de la época imperial con las casas nobles y los edificios rehabilitados. Tarragona fue, durante siglos, una apacible urbe de curas y militares. La catedral de Santa María y su claustro románico son ejemplos del esplendor de aquellos años. La plaza del Rey, que con buen tiempo está repleta de terrazas, atesora en una de sus aristas el museo Nacional Arqueológico (2,40 €. www.mnat.es), que contiene gran parte de las piezas sacadas a la luz durante las campañas arqueológicas en la ciudad. A un paso se encuentra el circo romano, uno de los mejor conservados de Occidente, aunque todavía oculta buena parte de su estructura bajo tierra. Junto a la vía férrea y el Mediterráneo, en el parque del Miracle, se ubican los restos del anfiteatro.