La puerta del desierto se llama
Calama, un antiguo pueblo minero donde te deja el avión que cubre el trayecto desde la capital,
Santiago de Chile. En poco más de dos horas y media el paisaje se ha transformado: entre la costa y
los Andes se extienden 360.000 km2 de arena, roca y sal. El sol hiriente lo llena todo. Aquí los colores brillan tanto que ciegan y el aire del desierto es puro y limpio. Cierra la boca y abre bien los ojos. Entre tanta visión fantasmagórica, un paseo por los tranquilos
pueblos de Socaire y
Toconao, en el Altiplano,
San Pedro de Atacama y
Santiago de Chile darán a tu recorrido un toque humano.
También puedes completar este recorrido con una escapada al enclave costero de
Valparaíso, a una hora de Santiago de Chile, y con una ruta por excelentes
bodegas chilenas con degustación incluida.
Las vistas son únicas: tómate TU TIEMPOApoco más de cien kilómetros de Calama se encuentra San Pedro de Atacama, que aunque no llega a los mil habitantes es el alma de la región; la magia del desierto, dicen los lugareños. En este pueblo precolombino de casas de adobe puedes descubrir la historia de la zona en el
Museo Arqueológico Padre Le Paige, creado por este jesuita y donde hay unas increíbles momias que se encuentran en un perfecto estado de conservación. Además encontrarás cerámica, vestimenta y piezas de oro que hablan de sus 11.000 años de existencia.
Las calles de San Pedro están sin asfaltar, sus casas son de una planta y tienen
corralito. La actividad se centra en la
calle Caracoles, donde encontrarás restaurantes para degustar el sabroso
pastel de choclo (con harina de maíz y relleno de verduras o carne), agencias para contratar actividades y pequeñas tiendas de artesanía. Su pequeña plaza central está situada junto a una iglesia colonial de gran belleza: sencilla, encalada y con un san Pedro vestido de fieltro rojo en su interior, es monumento nacional desde 1951. Por la noche los atacameños se reúnen en torno al fuego en el interior de los pequeños cafés con el suelo de tierra. Huele a leña de chañar –árbol resistente al desierto – y en el exterior miles de estrellas forman uno de los cielos más bellos del mundo.
La
cordillera de la Sal es la espina dorsal de este desierto de caprichosas formas pétreas. Sus colinas afiladas recuerdan el cuerpo de un dragón tumbado y los atacameños han bautizado a una de sus depresiones como
valle de los Dinosaurios.
Acércate al
mirador de la Cordillera, muy cerca de San Pedro; la vista te dejará sin aliento. Si eliges una excursión a caballo o a pie podrás saborear el desierto de cerca, pasear entre las formas saladas y empaparte del intenso ocre del paisaje. A pocos kilómetros, el
valle de la Luna te ofrece una increíble puesta de sol. Atravesarás dunas cenicientas mezcladas con los dorados que visten las paredes de arena, súbete a las más altas y espera.
En Atacama el tiempo tiene su propio latido, todo se detiene para rendir culto a la salida y la puesta del sol, acomódate y disfruta de uno de los mejores espectáculos que ofrece
Chile. Frente a ti verás toda la cordillera de la Sal: a tus pies tienes un valle lunar desolado y acogedor a la vez y, como telón de fondo, los impresionantes volcanes que rascan el cielo.
El Licancabur, con sus 5.916 metros y cuya cima perfecta era utilizada por los incas para elevar sacrificios al sol, se ve desde casi todas partes; es el rey absoluto del espacio.