Al norte, el río Duero. Al sur, el Tormes; la comarca de El Sayago está delimitada por el fluir de aguas. Si eres de los que se definen como un urbanita de pro, esta zona te va a sorprender: te costará creer que haya un lugar en el mundo donde las costumbres, las casas y la forma de vivir de las gentes del lugar se mantentienen casi igual que hace docenas de años. Ése es el mayor atractivo de estas tierras, al suroeste de la provincia de Zamora. Sigue esta ruta hasta la misma frontera con Portugal.
ENTRE SAYAGO Y LOS ARRIBES
Aquí lo rústico se mezcla con la naturaleza de barrancos y ribera. Prepara el maletero para llenarlo de artesanía y buenos productos de la tierra.
Tu punto de partida debe ser Zamora, la bella ciudad románica desde donde tienes acceso a la N-527. Síguela a través de extensas praderas y encinares para alcanzar, apenas 12 kilómetros después, Pereruela, localidad de tan sólo 800 habitantes.
Merece la pena que realices una primera parada y hagas hueco en el coche: verás a un lado y otro de la carretera muchísimos talleres donde comprar pucheros de barro y otros productos con los que llenarlos: lentejas de La Almunia, garbanzos de Fuentesaúco... Te aconsejamos que no te marches de aquí sin hacer una visita al Molino de Bárate (N-527, Km 19. 980 551 113), curioso lugar que don Celestino Nieto ha convertido en todo un museo etnográfico. Déjate guiar por él para que te enseñe el que fue el primer suministro de energía de la zona, un salón con horno para hacer el pan y multitud de herramientas. Te irá explicando al mismo tiempo que te narra historias de sus propios recuerdos. Si te gusta el molino, también puedes alojarte en él (desde 51 €, la doble).
Continúa después por la misma carretera, siempre en dirección a Fermoselle, hasta llegar a nuestra siguiente parada: Bermillo de Sayago. Antes superarás el puente romano de Sogo, uno de los mejor conservados de la provincia. El pueblo tiene su encanto, sobre todo, la plaza del Ayuntamiento, siempre muy animada. Pero lo mejor está en los alrededores: no te pierdas el santuario de Nuestra Señora de Gracia, a medio camino de Almeida.
Druidas y visigodos
La N-527 que seguimos durante todo el viaje culmina en la localidad de Fermoselle, a unos 65 kilómetros de Zamora. Su ubicación es una de sus mayores virtudes: en un altozano de laderas esculpidas con bancales, muy cerca de donde confluyen los ríos Tormes y Duero. Un ara druídica (altar celta) descubierto en el pueblo hace suponer que los vetones vivieron en el cerro donde se extiende Fermoselle, habitada también por romanos, visigodos y árabes hasta su incorporación al reino de León, en el siglo XI. Su casco antiguo conserva cierto aire medieval, principalmente, en lugares como la Puerta del Arco o la Plaza Mayor, repleta de bares, como el Siglo XXI. Si quieres comer algo antes o después de caminar, una buena opción es el restaurante Mati (Portal del Villar 980 614 010), de estupenda cocina casera.
Fermoselle cuenta con algunos monumentos de interés, como su iglesia parroquial (del siglo XIII, con portadas románicas), el restaurado convento de San Francisco o lo que queda del llamado castillo de Doña Urraca, la reina que nunca llegó a reinar. Es imprescindible que disfrutes de las vistas desde el mirador de El Torojón, y de sus aceites y vinos, procedentes de los viñedos de los alrededores, situados en terrazas soleadas y protegidas de los vientos.