Cudillero siempre vivió del mar. Ahora también lo hace del turismo. Y es que ha sabido explotar sus encantos, que son muchos, y no sólo en la villa sino en todo el concejo. Para tener una visión perfecta de su pintoresco casco urbano, tienes que llegar por el puerto (hay otra entrada por El Pito) y dejar el coche en el aparcamiento. Al llegar a la
plaza de la Marina te quedarás fascinado con los colores rojos, azules y verdes de las fachadas, apiñadas unas encima de las otras formando una postal.
El
paseo por Cudillero necesita de empuje, pues subir por sus empinadas cuestas para coronar sus miradores te dejará sin aliento. Pero el esfuerzo merece la pena. Desde el mirador de El Pico se divisa el entramado de casas. Si te fijas en las ventanas verás que cuelgan los curadillos (escualos), que se secan con la brisa del mar.
Desde el
mirador de la Garita de la Atalaya se disfruta de la estampa del faro y los puertos, el viejo y el nuevo. Y desde el
mirador del Contorno (sube por detrás de la iglesia) se recuerda la espera de las mujeres de los pescadores que oteaban la vuelta de su barco. En la plaza tienes decenas de sidrerías con terrazas para beber un culín de sidra y comer unas tapas de calamares, parrochas o fritos de pixín (rape). Justo detrás de la plaza, en la
calle Río Frío, acércate al taller de Dulce, una artesana que hace cerámica negra ahumando las piezas de forma tradicional. Para sacarle todo el provecho a la villa y su concejo, entra en la Oficina de Turismo. Organiza visitas guiadas muy atractivas, por la costa y el interior, y además gestiona la reserva de hoteles, restaurantes, paseos en barco y actividades de turismo activo (Tfno. 985 59 14 52).
PLAYA DEL SILENCIO Cudillero tiene la suerte de contar con una playa espectacular. Es el
Gavieuru, aunque todo el mundo la conoce como
la playa del Silencio. El nombre se lo ha cecido un casa que se encuentra al lado, en lo alto de la colina, en un sitio envidiable. Pero le viene que ni pintado, porque este rincón invita a la tranquilidad más placentera. Es una concha cerrada por la enorme pared del acantilado y enfrente hay islitas rocosas y la
Peña Cogolla, llena de fábulas de corsarios y tesoros. Se llega por la salida a Novellana y Castañeras.
En
Novellana tienes que probar el plato estrella de
El Fornón (Tfno. 985 59 80 25): la langosta con verdura. Y en
Ballota,
Casa Fernando (Tfno. 985 59 82 64) prepara potes y fabadas de escándalo. El
cabo Vídio es otro destino en sí mismo. Hay que desviarse de la N-632 hacia Oviñana. Antes de llegar a la punta haz un alto para echar una ojeada a tu izquierda desde el mirador del Veirón. El perfil de las calas de Peñadoria, Cueva y Vallina es grandioso. Cuando llegues al mismo cabo, acércate con mucho cuidado hasta el borde: estás sobre un acantilado de 100 metros. Escalofriante. El farallón o gran piedra que tiene enfrente se llama el Horreón.
Y debajo del cabo está
la Cuevona, que hay quien se atreve a cruzar en barca. También puedes llegar al Vídio desde el mar. Del puerto de Cudillero salen excursiones en barco (1,45 h: 15 euros Tfno. 616 308 237). También organizan las
Noches con encanto, una propuesta romántica para navegar con la puesta de sol, con cena íntima incluida.