Esta es una gran ciudad con un toque europeo y ritmo acelerado. Busca su toque árabe en su puerto, en el interior de la Gran Mezquita y en su Medina Nueva. Por la noche, cena en el Rick’s y sal de copas por La Corniche. Te hechizará.
A los pies del avión que trae cada día turistas al aeropuerto no aguarda ni Ilsa ni Victor Laszlo; imposible: Casablanca no se rodó aquí. Así que lo primero que debes hacer es olvidarte, por lo menos durante unas horas, de la película que rodó Michael Curtiz en 1942. Lo que encontrarás es una ciudad adelantada, pero también decadente, repleta de edificios art déco, construidos durante la época del protectorado francés, que apenas se sostienen en pie. Si quieres echar un vistazo a sus fachadas sólo tienes que llegar hasta la Place des Nations Unies, donde se alza imponente el hotel Hyatt, y bajar la calle que se sitúa justo enfrente, el bulevar Mohammed V, arteria comercial bordeada por espectaculares inmuebles de los años 30. Cúpulas, miradores, balcones de madera de cedro… En esta calle se encuentran también los restos del hotel Lincoln, cuyas ruinas miran al mercado Central, un lugar de lo más animado: frutas, verduras, ostras, flores, dátiles, especias... A la hora de comer, siéntate en la terraza de alguno los restaurantes y pide la especialidad: pescado fresco.
La Place des Nations Unies es el centro administrativo de la ciudad, rodeada de elegantes construcciones, tiendas de artesanías, cafés, como el Excelsior, y algún snak-bar, por ejemplo, el Ramsés, perefecto para tomarte una socorrida shawarma (bocadillo de pan árabe con pollo o carne). También en esta plaza verás la torre del Reloj y la muralla, del siglo VIII, tras la cual se esconde la Medina Vieja.
Para esperar la noche no se nos ocurre mejor lugar que la Place Mohammed V, que une la ciudad antigua con la nueva. En torno a su gran fuente la vida pasa: fotógrafos que retratan a familias y parejas, aguadores... Todo un espectáculo antes de que anochezca, sobre las 17.30 h.
De copas
La zona de marcha de Casablanca se sitúa en La Corniche, bordeando el océano, con pubs, discotecas y cabarés. Le Petit Rocher (boulevard de la Corniche. Phare d’El Hank. Aïn Diab), tipo lounge, es un lugar muy especial, donde se puede cenar o tomar una copa en su terraza con vistas a la Gran Mezquita. El Mystic Garden (33, boulevard de La Corniche) es un restaurante algo caótico que a los postres cambia de aspecto, con la gente bailando entre las mesas. Muy animado.