Durante los siglos XV y XVI, Dubrovnik, una pequeña franja de la costa y las islas cercanas formaban la denominada República de Ragusa, un próspero Estado que competía con Venecia y otras grandes metrópolis costeras por el control del comercio en el Mediterráneo. Fue la época dorada de la ciudad, que presumía de tener una de las flotas navieras más importantes de Europa, y de tener consulados marítimos en más de 50 ciudades del Mediterráneo y del mar Negro. Desafortunadamente, un terremoto en 1667 la convirtió en un montón de ruinas y sólo dos edificios, el Palacio Sponza y el Palacio del Rector, junto con las murallas, sobrevivieron íntegros a la catástrofe. El resto de edificios góticos y renacentistas casi desaparecieron o quedaron muy dañados, y la ciudad fue reedificada según la moda del momento, el barroco. La guerra de independencia de Yugoslavia, en pleno siglo XX, volvió a golpear Dubrovnik a principios de los 90, y de nuevo sus gentes volvieron a restaurarla para que la ciudad, en una auténtica lección de supervivencia, volviera a ser lo que siempre había sido: la fabulosa “Perla del Adriático”.
UN POCO DE HISTORIA
Admira su bonito casco antiguo, siéntate en un café, cena un arroz en un excelente restaurante con vistas al mar y rinde homenaje a San Blas, el patrón de la ciudad
A la ciudad vieja (Stari Grad) puedes entrar por dos lugares, al oeste por la puerta Pile –que durante la República permanecía cerrada bajo llave durante la noche para evitar visitas no deseadas– y al este por la puerta Ploce. Ambas con sus puentes levadizos, sus cadenas y una estatua del patrón de Dubrovnik, san Blas. En cada entrada un cartel con el mapa de la ciudad señala los lugares exactos del casco antiguo que fueron dañados por las bombas durante la guerra de 1991.
Si accedes por el oeste (puerta Pile), lo primero que encontrarás es la fuente de Onofrio, una curiosa estructura poligonal abovedada, adornada con 16 máscaras por cuyas bocas mana el agua de la fuente. En esta misma plaza está la entrada al monasterio Franciscano (abierto de 9 a 16 h. Entrada libre). Lo más destacable es el claustro, del que los expertos dicen que es la obra románica más bella de Dalmacia. Fíjate en los capiteles, y en sus figuras de animales. Si en tu visita al claustro del monasterio te parece oler a rosas, no te sorprendas, al lado se prepara uno de los secretos de belleza mejor guardados: la crema hidratante de rosas. En la farmacia Mala Braca, fundada en 1317, hay de todo; nuestra recomendación: el agua de lavanda, la crema facial de limón y, cómo no, la de rosas.
Textos: Kris Ubach Foto: Kris Ubach Publicado en Febrero de 2006
“dubrovnik!!:D te hecho de menos!!!
dolazim opeet ove godinee!!:P
zaton!”
Enviado el 2009-03-23 13:35:37
madrileña dice:
“La visité en junio de 2008 y me encanto. La ciudad muy bonita la gente muy ocogedora y sin problemas para comunicarte.
Puediente tomar ricas cervezas que eso es importante y no las encuentras en todo los sitios.
ME ENCANTÓ, VOLVERE. ”
Enviado el 2009-01-27 16:08:43
JOS dice:
“ES UNA CIUDAD MUY BONITA Y LA GENTE SUELE TENER UN TRATO ENCANTADOR , MUCHAS PERSONAS HABLAN EN ESPAÑOL , NO MUY BIEN PERO LO JUSTO PARA ENTENDERTE , ES MUY TRANQUILA.”