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Santorini
Islas griegas, sólo para tí
La isla-fiesta
Por fama, la isla de Santorini está alcanzando a la mundanal isla de Mikonos. Fiestas, discotecas y comida americana a base de gofres; mejor evitarlas. Hay una Santorini todavía íntegra que vale la pena visitar.
El espectáculo de la caldera del volcán, sobre todo a la puesta de sol. También el pueblo de Pirgos, aún intacto. Y el monasterio de la cima. Busca la playa de Monolithos, detrás del aeropuerto, y haz una parada en Captain Lozios: pescado fresco y simpatía, igual que en el mesón Nicolas, único auténtico, en Thira, entre tanta imitación. Finalmente, el puertecito al que se llega con el teleférico o a lomos de mulo. Pescadores y marineros, sol y gaviotas.
ARKI: La griega más caribeña
No es ninguna broma. Por la mañana, te tomas un zumo de naranja y un cruasán en las mesas del Arion, el café-bar en el paseo marítimo de Skala, en Patmos. Después eliges una de las embarcaciones amarradas en el puertecito de enfrente para que te lleve al trópico en salsa griega. Puntuales, a las 10, hacen la ruta hacia las playas de la isla del Apocalipsis o hacia los islotes de Lipsi y Arki.
Nuestra meta es este último, a una hora de travesía. Tras una breve parada, el barco se dirige a la que parece una bahía cualquiera. Sin embargo, al doblar un cabo aparece Marathi. Una playa caribeña, de arena fina, ornada de árboles, con tres restaurantes que alquilan habitaciones para quien quiera pasar un par de días en beato y confortable reposo.
Información: Pantelis (00 302 247 032 609), el hotel con más encanto de Marathi: 10 habitaciones que dan a un bonito jardín, que protege las mesas del restaurante, a sólo un paso de la playa.
MIKONOS: Viva la juerga
¿Es aquí la fiesta? En Mikonos, la respuesta siempre es afirmativa. La isla de las Cícladas no se ha dejado asustar por las 365 iglesias, una por cada día del año, que blanquean la escarpada superficie de la isla. Se ha volcado en la religión de la diversión, incluso un poco transgresiva. Así,Paradise y Superparadise, las dos playas más de moda, se han convertido en dos promesas muy terrenales, donde la comunidad gay (hombres y mujeres) se mezclan con los turistas heteros.
Todos quietos bajo el sol (bien entrado el día, porque la noche anterior siempre se ha trasnochado), hasta que las notas de los bafles anuncian la happy hour y el enésimo comienzo del baile. Inf: 00 302 289 023 990.
Textos: Oscar Fremantle / Marco PaganiIBruno Castrovinci Foto: Ramón Villeró
Publicado en Julio de 2006
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