Haz una parada en la
torre de Ses Animes; resulta muy turística, pero hay que reconocer que la panorámica es espectacular. Llegarás a
Banyalbufar, que se distingue por sus bancales, extendidos hacia el mar y donde crecen naranjos y olivos. Un sitio muy aconsejable para comer es
Ca’n Cosí, o sea
En casa del primo ( 971 61 82 45). Fíjate en los platos del día que se anuncian fuera; si hay arroz a la marinera, pídelo (10 €). Y prueba el trampó (6,50 €), la ensalada típica mallorquina, elaborada con tomate, pimiento verde, cebolla, aceitunas verdes y negras, aceite, vinagre y pimienta.
La carretera continúa hacia
Sóller y tienes dos opciones: ir por la costa para visitar
Valdemossa o decantarte por los pueblos menos turísticos de la
Tramontana. Nosotros nos inclinamos por la segunda opción y descubrimos joyas como
Fornalutx. Aparca el coche y enfila el carrer Major. Encontrarás moda desenfadada en
Can Barquer (camisetas desde 15 €) y deliciosas ensaimadas y cocas de patata (1 €) en la
pastelería Es Pa de Fornalutx. En la plaza de España siempre hay un ambiente muy animado, con terrazas y un colmado de los de toda la vida para comprar desde fruta a una botella de vino. Sube por el carrer de la Iglesia y descubrirás un laberinto de callejuelas empedradas y robustas casas de piedra. Para hacer noche, el
hotel Ca’n Reus ( 971 63 11 74. Desde 110 €/habitación doble) es encantador. Si vienes con
niños reserva la
Sa Rateta, y si se trata de una escapada romántica, la habitación
Sa Paisa es la ideal, apartada del resto y rodeada de jardín.
Desde Fornalutx, si quieres estirar las piernas, puedes caminar (a unos 3 km) hasta
Biniaraix, un pequeñísimo pueblo de casas típicas mallorquinas y frondosos jardines. La misma carretera comunica con el punto más poblado de la zona:
Sóller, también en el interior.