La
plaza de la Constitución es el corazón de la ciudad, sobre todo en verano. Árboles centenarios, animadas terrazas, viejos cafés, comercios y dos fachadas que quitan el hipo: la modernista del Banco de Sóller y la neogótica de la
iglesia de Sant Bartomeu, ambas de Rubió, un discípulo de Gaudí. En el
carrer de Sant Joan se han establecido en los últimos tiempos tiendas y talleres de artesanos. Entra en
S’altra pata de sa Taula (La otra pata de la mesa), un nombre original como los objetos que Andrea Santelli y su marido traen de
Argentina y
Brasil. No hace ni un año que cambiaron la vida en Madrid por este trocito de isla. Bolsos únicos (no hay dos iguales), velas de mil colores, utensilios de cocina o percheros hechos con viejas herraduras. Llévate unos pétalos de jabón (desde 3 €/bolsa de veinte); los tienes con olor a uva, magnolia, almendra, vainilla, coco, etc.
En la misma calle abre su
taller de madera y pintura Eyle, una alemana afincada aquí desde hace 14 años. Esculpe en ramas de olivo y pinta
sus sueños en óleo y acuarela. Además, recicla cuanto encuentra por las calles y lo convierte en una obra de arte.
Para dormir, la opción con más glamour es el
Gran Hotel Sóller (Tlf. 971 63 86 86.
www.granhotelsoller.com. Desde 190 €/habitación doble), un cinco estrellas con spa, solarium y piscina. Es un auténtico placer desayunar en su terraza exterior del último piso, al sol y con vistas a todo Sóller. Pregunta por sus paquetes especiales de golf, tenis, relax y
luna de miel.
Y para cenar, apunta esta dirección: Sa Cova, en la plaza de la Constitución. Ofrece raciones de croquetas, calamares, calabacines rellenos de verdura y una crema catalana casera, entre otras delicias. Saldréis por unos 22 € por cabeza.
El puerto de Sóller, a 5 km, después de conocer el pueblo del mismo nombre, desilusiona un poco. Aglomeración urbanística, tiendas para turistas y una playa que para nada cumple con las expectativas de una paradisiaca cala mallorquina. Lo mejor del lugar son las vistas que hay desde el
cabo Gros. Aquí, junto al faro, se acaba de abrir el
refugio La Muleta (Tlf. 971 17 37 00.
www.infomallorca.net) para los senderistas que recorren la
ruta de La Pedra en Sec, una novedad en la isla. El recorrido, de unos 150 km en total, se propone descubrir los paisajes construidos con piedras en seco (sin ningún material que las una) en la sierra de la Tramontana: muros de bancal, paredes, fuentes de mina, barracas, neveras, etc. La ruta comienza en el
municipio de Andratx y finaliza en el de
Pollença.
Una península separa la
bahía de Pollença de la de
Alcúdia; un pedacito de tierra que los fenicios hicieron suyo para luego pasar el testigo a romanos y árabes. Fueron éstos últimos los que levantaron una fortaleza a la que llamaron Al-Kudia, que significa
sobre la colina. Al traspasar la
porta del Moll y adentrarte en la ciudad amurallada, verás que aún queda mucho de aquella época. Además, todo el centro es peatonal, lo que convierte el paseo en un auténtico placer.