Las sillas y mesas de las terrazas se extienden al sol hasta la plaza de la Constitución.
Si puedes, haz coincidir tu visita en martes o domingo, días de mercado. En la plaza de Carlos V bordeando las murallas, se instalan puestos de artesanía, ropa, fruta, hortalizas, flores, etc. El carrer del Moll es la vía comercial por excelencia, con escaparates innovadores, como el de la boutique Cristian Cast, que acaba de abrir sus puertas. Las sillas y mesas de las terrazas se extienden al sol hasta la plaza de la Constitución. Tienes muchas opciones para sentarte a tomar el aperitivo, como las tapas que ofrece la Fonda Llabres o las tostas (pa amb oli) que preparan en C’an Barraixet. Si quieres sentarte a comer, en Sa Plaça tienen un menú de 12 € (trampó o sopas mallorquinas; y chipirones o bistec con salsa de champiñones).
Puede sonar a tópico, pero lo mejor para conocer esta ciudad es que te pierdas por sus callejuelas, sin un papel en el suelo y con fachadas relucientes, como recién remozadas. Una dirección muy recomendable para comprar productos típicos es Sa Cisterna (Cisterna,1). Al mando, Salvador. Encontrarás sobrasada ecológica, licor de hierbas (desde 4,50 €), queso de vaca, dulces artesanales y, por supuesto, aceite de oliva. Si quieres uno producido en la propia Alcúdia, pide el Solivellas (12 €/botella), pura delicia.
En el sur del centro histórico se ubica la ciudad romana de Pollentia (2 €; niños hasta 12 años, gratis), fundada alrededor del año 70 a.C. No te lo pierdas. Un poco más a las afueras hay otro teatro romano, desconocido por el gran público; la entrada es gratuita y siempre está abierto. Aunque quizá por ello se encuentra algo descuidado.
La carretera C-712 se aleja un poco de la costa pero te conducirá directamente al pueblo de Artá, otra joya.
Textos: Sonsoles González Foto: José Barea Publicado en Junio de 2006