Entra en Pedra i Flor, un local que hace las veces de floristería y café.
No posee imponentes monumentos; su virtud reside en su casco antiguo, con sus originales tiendas y cafés con sabor. Antes de callejear sube a laermita de Sant Salvador, en la cima de la colina, y disfruta de las vistas sobre los tejados de Artá. En la calle Antoni Blanes, peatonal, no vas a parar. Entra en Pedra i Flor, un local que hace las veces de floristería y café. Petra se ocupa de lo relacionado con el arte floral y Markus atiende a quienes buscan objetos originales para el jardín y sirve cafés en la terraza. Una florista y un arquitecto que decidieron, hace dos años, dejar su Alemania natal para inicar esta aventura. Ambos hablan perfecto español, siempre con una sonrisa, y seguro que picas con alguna de sus gallinas decorativas o macetas multicolor.
Al lado está Terra Kötter, un taller de azulejos donde tú mismo diseñas tu portavelas entre cientos de dibujos y colores diferentes. El invento es de un alemán (¡cómo no!) y tiene mucho tirón entre los forasteros. Más adelante hay una alpargatería donde venden las típicas abarcas (27 €), sombreros de payés y cestas para hacer la compra. Haz un alto en el café Parisien; de sus paredes cuelgan obras de arte y los sábados por la noche hay música en directo.
El miércoles por la mañana es el momento ideal para tomar el pulso a Capdepera; es día de mercado y la plaça de L’Orient se llena de vecinos y curiosos revoloteando alrededor de los puestos. Entra en Can Patilla, un bar muy popular, donde bajan a tomar el cafelito desde el alcalde a las amas de casa que regresan de la compra. En el Café de Orient, también de ambiente muy familiar, sirven un pa amb oli con jamón que convertirá tu desayuno en todo un homenaje.
Textos: Sonsoles González Foto: José Barea Publicado en Junio de 2006