Un castillo fortificado domina todo
Capdepera y, aunque cueste un poco de esfuerzo subir, tendrás tu recompensa. Sus almenas, por las que puedes emprender un paseo casi celestial, te guiarán hasta el punto más alto, donde se ubica una iglesia gótica. Desde aquí la vista alcanza hasta el mar. Cuenta la leyenda que los ciudadanos sitiados en Capdepera se refugiaron en el castillo, colocaron una imagen de Ntra Señora de la Esperanza en las almenas y la niebla confundió a los invasores. Precio: 2 €.
LA PAZ SEA CONTIGOA cinco minutos de Capdepera se ubica el
hotel rural Cases de Son Barbassa, inmerso en una finca de 100.000 m2 donde crecen almendros, olivos y algarrobos. El conjunto se compone de 12 habitaciones, todas con personalidad propia y decoradas con estilo. Algunas tienen terraza panorámica; otras son perfectas para venir en familia, puesto que se comunican entre sí (la suite Torre). Joan Bonnin ha sabido diversificar su clientela y lejos de atrincherarse en el público alemán, ha abierto sus puertas a viajeros de todo el mundo. La
piscina de Son Barbassa merece un capítulo aparte: está sobre una colina con vistas a Capdepera y la rodean doce palios bajo los que se despliegan unos sofás que son pura tentación... En el restaurante acristalado se sirven cenas a la luz de las velas.
Reservas: Tlf. 971 56 57 76 y
www.sonbarbassa.com. Desde 81 €/persona en habitación doble y desayuno incluido. Niños, 50% descuento.
A 3 km de
Capdepera te brindamos un descubrimiento
Deviajes, de esos que sólo se deben contar a los más íntimos para que no se echen a perder. Se llama
cala Mesquida y es una playa larga, de arena blanca y fina, con dunas naturales, agua transparente y... ¡maravilla! con tan sólo una fila de apartamentos de dos alturas en un lateral... El resto, salvaje. Y al otro lado del
cabo des Freu, otra joya natural:
cala Agulla, un arenal blanco rodeado de pinos y con un mar turquesa de película.
No dejes en la arena más que la huella de tu pie, reza el cartel que da la bienvenida a la playa. Pues eso.
Muy cerca está
Cala Ratjada, el centro más turístico de las inmediaciones, con urbanizaciones, hoteles, tiendas y restaurantes. Eso sí, no encontrarás monstruos de más de tres alturas ni grandes centros comerciales, lo que hace que el lugar conserve cierto encanto de cuando era un pueblo de pescadores. Su puerto deportivo resulta coqueto y la marcha está asegurada en verano. Un sitio simpático para tomar algo es Tampico, frente al mar. Hacen paellas muy ricas y tienen sardinas frescas (desde 15 €).