Islomanía. Así llamaba el escritor Lawrence Durrell a una extraña patología que afecta a algunos seres humanos a los que las islas les resultan irresistibles. Después de unos días en Malta es muy posible que tú padezcas los síntomas. Para notarlos, te proponemos mirar más allá de las murallas de la capital, Valletta, y conocer la verdadera isla, la que pisaron san Pablo y Ulises. Puro Mediterráneo no apto para todos los públicos: paisajes sin apenas árboles, costas rocosas, sol implacable. Pero también lugares que huelen a higos y a limón, a olivo y a naranjos, a hibiscos, a mimosas y a buganvillas. A mar.
Al sur de Valletta tienes historia y villas pesqueras. Al norte, Playas y ambiente
En esta visita a Malta, te proponemos abandonar la capital, Valletta, y poner rumbo al sur para iniciar un recorrido circular por la isla. Al otro lado del Gran Puerto se encuentra la zona de Cottonera, compuesta por las llamadas Tres Ciudades: Vittoriosa, Senglea y Cospicua. A pesar de que la distancia que las separa de Valletta es mínima, llegar hasta ellas puede convertirse en una aventura. Las tres están situadas en el área del Gran Puerto, pero el mar, una señalización endiablada y un sinfín de callejuelas estrechas y empinadas te obligarán a tirar de mapa. Dada la proximidad entre una y otra, no te resultará sencillo saber en cual estás. La primera que aparece es Cospicua, también llamada Bormla. Es quizá la menos vistosa de las tres. Su importancia radica en sus muelles, lugar en el que se reparan y adecentan los grandes cruceros.
Senglea es otra cosa. Se la conoce como la pequeña Venecia porque las casas están pegadas al mar. Los malteses la llaman L-isla, a pesar de estar situada en una península. Independientemente de su historia, que es mucha, y de todo lo que te quieran contar, que también puede ser mucho, posee las dos mejores postales de la isla: la panorámica del puerto desde los jardines de Gnien il-Gardjola y la vista de la fachada del museo Marítimo y el palacio del Inquisidor, justo enfrente, en Vittoriosa (de 9 a 17 h. Entrada conjunta: 7,5 €). Acércate a la caída de la tarde. Aparcar aquí es complicado, pero no imposible. Pide una cerveza Cisk (0,7 €) en el pequeño restaurante de la plaza y espera. Reserva para el último momento la vista sobre el puerto y las murallas de Valletta desde la Gardjola. La distancia entre una y otra es de apenas cinco minutos a pie.
Para cruzar a Vittoriosa, llamada también Birgu, del italiano borgo (pequeña ciudad), tienes dos opciones: volver a subirte al coche y callejear, o tomar un luzzu, las típicas barcas maltesas tan coloridas, y plantarte frente al museo Marítimo. El precio se negocia con el barquero. Vittoriosa es la más antigua de las tres ciudades y también la que cuenta con más atractivos turísticos. Su fuerte St. Angelo es uno de ellos. Fue cuartel general de los Caballeros de San Juan y está completamente rodeado por el mar. El otro es la iglesia de St. Lawrence, la más antigua de Malta que data del año 1090. Muy cerca está Kalkara y su fuerte Rinella.
TEMPLOS NEOLÍTicOS Y GRUTAS AZULES
Continúa hacia el sur por la carretera 23 y 26 hasta llegar a Tarxien. Este fue el lugar elegido por los hombres del neolítico para construir algunos de sus más bellos templos en la isla. Fueron descubiertos en 1914 y su estado de conservación es más que aceptable. La visita te costará 2,5 €. A un paso de Tarxien se encuentra el Hal Saflieni Hypogeum, un templo megalítico, esta vez bajo tierra, y en el que sólo se permite la visita de 80 personas al día. Lo mejor es reservar con tiempo, pero si no tienes oportunidad, puedes comprar las entradas en el Centro de Visitantes que hay en Paola o en el museo Arqueológico de Valletta. Abre todos los días de 9 a 16 h. La entrada te costará 10 €.
Después de tanta piedra lo mejor es acercarse al mar. Marsaxlokk y su bonito puerto pesquero serán el mejor reencuentro con el Mediterráneo. Verás la mayor flota de luzzus de toda Malta, con un colorido muy hermoso. El puerto está lleno de pequeños restaurantes, donde sirven pescado fresco, y el trato es amable y la conversación fácil. Si vas en domingo también podrás comprar en su mercadillo al aire libre. Desde Marsaxlokk, con la costa a tu izquierda, llegarás a Zurrieq, en la parte suroeste de la isla. El lugar es conocido por albergar una de las estampas más comercializadas de Malta, la Blue Grotto.
Mayores y más bonitas que las de Capri, estas cuevas submarinas atesoran la leyenda de los cantos de sirena que atraían a los navegantes. Deja el coche junto al camino y desciende hasta el pequeño embarcadero. En una caseta, a mano derecha, está el Blue Grotto Boat Service (64 99 25/00 58), un pomposo nombre para el par de pequeñas barcas a motor que cubren la distancia hasta la cueva. El trayecto dura cerca de 20 minutos y te costará algo más de 6 €.
Muy importante: ve por la mañana; si lo haces por la tarde, la luz apenas entra en la cueva y, al final, habrás perdido tiempo y dinero.
A un paso de Zurrieq, por la comarcal 117, llegarás a Qrendi y los templos de Hagar Qim y Mnajdra (de 9 a 17 h. 5 €), otras dos joyas del patrimonio maltés. Están situados a unos metros de los acantilados, lo que los hace, aún si cabe, más impresionantes.