Zagreb: Divertida y animada
Aunque Zagreb es una de las ciudades centroeuropeas con más historia (se han encontrado escritos que la mencionaban ya a principios del siglo XI), lo cierto es que ahora en esta ciudad el ritmo lo marcan los jóvenes, en su mayoría universitarios, que llenan las calles, parques y terrazas en cuanto empieza el buen tiempo.
Es la capital de Croacia desde 1991, cuando se alcanzó la independencia de la antigua Yugoslavia, y está delimitada por las montañas de Medvednica, al norte, y por el río Sava, al sur.
Para ubicarte, lo más importante es saber que el centro se divide en tres áreas principales: Gornji Grad (ciudad alta), Kaptol y Donji Grad (ciudad baja). Las dos primeras se alzan sobre sendas colinas, una al lado de la otra.
Ambas fueron independientes hasta el siglo XIX y todavía conservan los restos de sus murallas y fortificaciones. Gornji Grad es hoy el centro político y administrativo en medio de un ambiente encantadoramente barroco. Para subir hasta aquí puedes coger el pintoresco tranvía Uspinjaãa (4 kuna, unos 0,5 €, por trayecto), que fue construido en 1888.
Una vez arriba, en el Paseo de Stromayer, recorre el mercadillo al aire libre que se organiza todos los días alrededor de un antiguo vagón abandonado en el que algunos pintores venden sus cuadros recién terminados.
Justo al lado, el restaurante Pod Griãkim Topom es una excelente elección para empezar a saborear la rica gastronomía croata mientras te dejas embelesar por la maravillosa vista de los tejados de la ciudad. Prueba el Liptauer, un aperitivo muy típico que consiste en una especie de queso fresco aderezado con pimentón y ajo, y que casa estupendamente con un vino tinto de la tierra. De segundo, te recomendamos la lubina marinada con vinagre y limón. Pagarás por todo unos 24 €.
Después, en las inmediaciones de la iglesia de San Marcos (siglo XIII), de la que te llamará la atención el colorido de sus tejas, encontrarás varios caminos para descender hasta la calle Tkalãiçeva, la más famosa de Zagreb con sus evocadoras casas bajas de fachadas de colores.
Aunque antaño no era una calle, sino el cauce del arroyo Medvescak que dividía Gorniji Grad de Kaptol, ahora es peatonal y está repleta de bares y originales tiendas de ropa y accesorios. Este es el sitio perfecto para ver y dejarse ver, así que date un respiro y toma asiento en alguna de sus terrazas, como la del bar Tropic, para relajarte contemplando el trasiego de la gente desde uno de sus cómodos sillones. Un café te costará algo más de 1€.
Tkalãiçeva desemboca en la plaza de Trg Bàna Josipa Jelaãica, que está presidida por una enorme estatua ecuestre del virrey croata en la corte húngara que le da nombre.
Si eres de los que no puede resistirse a pedir un deseo cuando se presenta la ocasión, en la fuente Manduevac puedes tirar una moneda.
A espaldas de la plaza están el mercado de Dolac y la Catedral gótica de la Ascensión de la Virgen María. Y, a la sombra de dos sus preciosas torres, el Parque de Ribnjak es un remanso de paz absoluto. Pero Zagreb tiene muchos más parques, que por algo tiene fama de ser una de las ciudades más verdes de Europa. El de Zrinjevac, en pleno corazón de la ciudad, es el más querido por sus habitantes.
Por su parte, en la Ciudad Baja la pauta de la distribución urbanística viene dada por la llamada Herradura Verde de Lenuzzi, una sucesión de siete plazas ajardinadas conectadas entre sí en torno a las cuales bulle la actividad cultural y comercial. Esta es la zona de los palacios y las casas señoriales, y de los museos, galerías de arte, teatros y cafés. También es el lugar al que dirigirte para ir de compras: todas las grandes marcas internacionales están presentes en la calle Ilica. En la galería Oktogon echa un vistazo a la tienda Croata, especializada en corbatas, el gran invento que Croacia ha dado al mundo.
Después, si necesitas reponer fuerzas, dirígete al Hard Rock Café (Calle Gajeva,10). Pídete una cerveza Ozujsko por 1,80 €. La terraza se expande en un jardín flanqueado por esculturas del Museo de Arqueología.
Una naturaleza espectacular
Si de algo están orgullosos los croatas es de la riqueza natural de su país, que para su reducido tamaño cuenta con nada menos que ocho parques nacionales y otros diez naturales. El de los Lagos de Plitvice pertenece a la primera categoría y es una parada obligada en el camino de Zagreb a la costa.
Pocas veces se tiene la posibilidad de asistir a un espectáculo tan soberbio como aquí cuando se recorren los senderos que bordean las impresionantes cascadas y los lagos, que en verano abarcan todas las gamas de azules y verdes, mientras que en invierno a veces se congelan mostrando la otra cara de su extrema belleza. Por eso no es de extrañar que cada año lo visiten más de medio millón de personas.
La entrada básica cuesta poco más de 10 € y, dada la grandiosidad del lugar (más de 200 km2 con 96 cataratas y 16 lagos interconectados entre sí), incluye la posibilidad de realizar un trayecto en un pequeño barco que cruza uno de los lagos y otro más en autobús.
También hay visitas guiadas para grupos de un mínimo de 20 personas. El dinero que se recauda con la venta de las entradas se destina a la conservación de este paraje que fue designado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979.
Precisamente, para preservar su integridad, y para disgusto de quien lo visita bajo los rigores del verano, está prohibido bañarse.
Un mercado especial
Si tienes tiempo, vale la pena madrugar un poco y dejarse contagiar del ajetreo del bullicioso Dolac, el mercado central de Zagreb. En el interior se vende carne, pescado y quesos, mientras que arriba, al aire libre, se agolpan decenas de puestos multicolores de frutas, verduras, flores, instrumentos de madera, objetos de mimbre y de cerámica y todo tipo de souvenirs en los que el corazón rojo, que es símbolo de la ciudad, está representado de mil y una maneras.
Una buena parada
Fuera del recinto protegido del parque nacional de los Lagos de Plitvice, hay hoteles, zonas de acampada y varios restaurantes. En el Liãka Kuça, por ejemplo, la especialidad es el cordero con patatas (15 € aprox) asado en la tradicional peka, algo así como una tapa de metal con forma de campana con la que se cubren los alimentos una vez puestos sobre las brasas.
Al lado de la estación central, el mejor hotel de Zagreb si no de toda Croacia es sin duda el Regent Esplanade. Con cerca de cien años de historia, el edificio que lo alberga es de una elegancia apabullante. Fue construido para alojar a los pasajeros que viajaban en el mítico y lujoso tren Orient Express que cruzaba toda Europa. Desde entonces, sus exclusivas suites acogen a todas las autoridades y celebrities que visitan la ciudad. Si puedes permitírtelo, seguro que no te defraudará.
Hotel The Regent Esplanade. Mihanoviãeva, 1. Tel: +385 (0) 1 45 66 666. Desde 219 € hab. / doble.